“Menos gritos en las redes y más explicaciones en la Justicia”: frente al raid de falsas acusaciones y la chiquilinada digital de un pseudo dirigente cercado por los tribunales federales, pupilo de Núñez, mi respuesta no es el enojo, sino la firmeza de la conciencia tranquila, la trayectoria, los hechos y la independencia profesional.
Escuchar el profundo desvarío conceptual en las recientes expresiones públicas de ciertos sectores de La Libertad Avanza en Misiones invita a reflexionar.
En su intento por desviar la atención de las sombras institucionales que los rodean, terminan exponiendo su inexperiencia política y su discreta capacidad dirigencial, así como su absurda interpretación de la realidad y, peor aún, su estrecha capacidad democrática.
Para esta nueva casta, de acuerdo con sus propias aseveraciones, quien trabaje mucho, facture legítimamente y perciba honorarios profesionales de manera legal estaría cometiendo un ilícito, apenas un poco menos que un delito de lesa humanidad.
Estoy muy lejos de validar sus falacias o caer en sus provocaciones, pero asumo la respuesta porque considero preocupante lo que se esconde detrás. En su relato insólito y su infantil juego en redes sociales, lo verdaderamente revelador es la confesión implícita que encierra.
En su distorsionada percepción del mundo, desarrollar múltiples labores y sostenerse con el esfuerzo privado es algo que, según su óptica, «está mal».
Claro que, quizás a quienes solo conocen el ingreso fácil del Estado sin aportar gran cosa, les resulte escandaloso y alienígena ver a alguien trabajar de sol a sol y producir con su propio esfuerzo.
Sin embargo, en el ejercicio de una labor periodística que acumula 26 años de trayectoria ininterrumpida en los medios más destacados de la provincia, uno aprende que a los agravios infundados se los abraza con altura y se responden con la absoluta tranquilidad de saber quién es quién.
“Siempre es un placer que la burguesía me critique”.
Mis actividades no dependen de su autorización, y por supuesto mi integridad no está sustentada en su opinión.
A pesar de las mentiras, informo que mis ingresos se basan en el ejercicio legal de mi profesión, y ninguna persona en este país debe rendirle cuentas de su vida privada o de sus honorarios a un funcionario con denuncias penales en la justicia federal por corrupción, menos aún a un pseudo influencer con peinado adolescente.
Al contrario, hago el favor de informarles que esa obligación republicana existe, pero que recae exclusivamente sobre quienes manejan el Estado y administran los fondos públicos.
Casualmente sobre ustedes, casualmente sobre quienes aún no lo hacen.
El absurdo planteo del dueño de la cuenta de la causa del “diezmo” del PAMI, bajo la sombra tutelar de Adrián Núñez, es una paradoja que no soporta el menor análisis lógico.
Resulta verdaderamente escandaloso y de un atrevimiento inusitado que quien jamás ha explicado nada de su causa penal federal exija explicaciones a un profesional con trayectoria por trabajar mucho.
Es una argumentación tan ridícula como falaz.
Núñez y sus pupilos influencers deberían ponerse a hablar de la causa por el presunto cobro sistemático de «diezmos» a los trabajadores y funcionarios de las delegaciones del PAMI y la ANSES en Misiones, donde se exigía a los empleados la cesión compulsiva del 10% de sus sueldos para financiar la estructura partidaria.
Según la propia documentación y las denuncias presentadas por dirigentes de su mismo espacio ante los estrados federales.
La cuenta bancaria (CBU) a la cual se realizaban esas transferencias pertenecía a Cristian Sanabria Brítez.
Esa cuenta tiene nombre y apellido. Y no es el mío.
Ese es el nombre, casualmente, de quien resultó escandalizado al enterarse que al parecer hay ciudadanos que tendrían varios empleos y actividades laborales para subsistir en este país.
De paso, ya que estamos, aprovecho y les hago el favor de informarles que eso que los escandaliza tanto, se llama TRABAJAR. Deberían probar hacerlo en algún momento; o al menos averiguar más de qué se trata; no hace daño, anímense.
Este triste sainete de poca monta no se explica sin su mentor. Detrás de este excitado y precoz operador digital claramente asoma su jefe político y financista: Adrián Núñez, el padrino que tutela y vela para que todo este esquema violento y en contra de la libertad de expresión y de prensa siga funcionando alegremente.
Es la cúpula de LLA Misiones la que promueve esta berreta granja de trolls y ordena estos ataques abiertamente antidemocráticos y poco parecidos a la libertad.
Conviene recordarle a Núñez que la falta absoluta de respeto a la libertad y a las personas, la carencia de diálogo democrático y de prudencia convivencial lo único que hace es poner en evidencia su falta de experiencia dirigencial, y que la “escuela” libertaria está haciendo agua por todos lados.
Su pupilo no solo se equivoca permanentemente, sino que lo deja pésimamente parado ante la sociedad una vez más al observar este tipo de maniobras mal hechas y que además simplemente no se hacen.
A esta altura, uno se pregunta si el propio Núñez tendrá la capacidad de detenerse a reflexionar si está haciendo bien las cosas.
O seguirá avalando que su protegido se ande meando tan fuera del tarro.
Carecen de toda ética, de sentido común y de mínimos códigos republicanos; se creen dueños de un poder prestado mientras huyen sistemáticamente de la Justicia.
Resulta, por lo menos, llamativo escuchar hablar de «negocios» o «irregularidades» a quienes jamás han explicado nada sobre el dinero que circulaba por su CBU, ni han acreditado ningún antecedente medianamente importante y menos aún una trayectoria genuina en el sector privado antes de llegar a la función pública.
Un funcionario que se pasa el día como frustrado influencer en las redes sociales, al que nadie ve cumpliendo funciones por las que cobra. Eso es soberbia y también cinismo descarado.
De cualquier manera, a lo largo de casi tres décadas de periodismo en la provincia, esto para mí no es novedad y menos primicia. Este no es el primer personaje ansioso que intenta amedrentarme.
Ya vi pasar a muchos “poderosos” de turno que creyeron que la soberbia del poder iba a asustarme o a silenciar mi labor.
Entre cartas documento y declaraciones, aprendí cuántos pares son tres botas y creo que a esta altura incluso podría enseñarles por qué el agua no se mastica.
“Yo sé que hay caballos que se mueren potros sin galopar”, dijo alguien por ahí alguna vez.
Cuando la política carece de argumentos y de limpieza institucional, suele recurrir al ataque bajo y a la miserable táctica de meter a la familia en el medio.
A quienes hoy tercerizan operaciones y financian estos ignorantes papelones les convendría tomar nota de los límites básicos de la convivencia democrática.
Por eso, antes de dar por terminado este mal chiste, quiero dejarles algunas certezas inquebrantables sobre la mesa para marcar el abismo ético que separa a un profesional con trayectoria de cualquier funcionario denunciado por corrupción y de los pésimos tiktokers:
* Mi trabajo no depende de su autorización…
* Mi integridad no se negocia…
* Mi trayectoria no está sustentada en su opinión…
* Mis papeles están en orden…
* Yo no tengo nada que ocultar…
* Yo no tengo prontuario…
* Yo no tengo causas penales…
* Yo no tengo expedientes judiciales…
* Yo no tengo denuncias por corrupción…
* Tengo título profesional…
* Tengo el cuero curtido…
* Tengo palabra…
* Tengo la conciencia limpia…Y antes de desearles buenas noches, chicos, un último detalle: mi familia queda fuera de esto, o deberán responder por ello.
La sociedad misionera observa con claridad este doble estándar. Menos gritos de influencers, menos operaciones digitales y más explicaciones ante el juez federal.
El cajero, su tutor y todos los demás pupilos de esta castita tienen una única e impostergable obligación republicana. El resto es puro circo para anestesiar a los incautos.
Si alguien debe dar explicaciones, son ustedes, pero si quieren, a mí me pueden buscar cuando quieran; les paso ubicación si desean. “Quien nada debe, nada teme”, los espero. Besis.